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Cosmología Nórdica

Detalles

Cosmología Nórdica

Mitos de la Creación

Yggdrasill

Morada de los aesir

Los teutones, tribus de los pueblos que vivían en los bosques del norte de Europa, incluyendo a germanos, godos y anglosajones; eran una raza dura e inflexible cuyo mayor placer consistía en guerrear.

 Antes de la llegada del Cristianismo compartían la cultura y una lengua común. Concebían al mundo y a los dioses de forma humana. El mundo era un duro campo de pruebas, y los dioses eran una especie de raza de hombres superiores, dignos de admiración porque sabían, cómo imponer su voluntad frente a la crueldad de las fuerzas elementales.

Al principio, dicen las leyendas teutonas, existía el vacío. No había océano que ocupara su vasto imperio, ni árbol que levantase sus ramas o hundiera sus raíces. 

Al norte, más allá del abismo se formó una región de nubes y sombras llamada Niflheim.

Al sur se formó la tierra del fuego, Muspellsheim. Doce ríos de pura agua glacial transcurrían desde Niflheim hasta encontrarse con los correspondientes de Muspellsheim, pero éstos llevaban amargo veneno y pronto se solidificaron. Cuando las heladas aguas del norte tocaron sus rígidos cuerpos serpentinos, el abismo se llenó de gélida escarcha.

El aire cálido que soplaba desde el sur empezó a derretir la escarcha y de las amorfas aguas surgió Ymir, un gigante de escarcha, el primero de todos los seres vivientes, descrito así en una traducción del Edda en prosa: ... “y cuando el aliento del calor llegó hasta la escarcha, y ésta se derritió goteando, se apresuró la vida a partir de las seminales gotas, gracias a la fuerza que el calor enviaba y se convirtió en una forma humana”.

También el hielo, dio a luz una gran vaca llamada Audumla; Ymir apagaría su sed en uno de los cuatro manantiales de leche que fluían de la criatura. 

Cada uno de estos seres primarios tuvieron hijos de forma asexual: Ymir a partir de su propio sudor y Audumla lamiendo el hielo.

El matrimonio de Bestia, hija de Ymir, con Bor, nieto de Audumla, trajo a los tres dioses Odin, Vili y Va, quienes muy pronto se volvieron en contra de la raza de los gigantes, exterminándolos a todos salvo a dos, que escaparon para perpetuar la raza. Los tres dioses sacaron el cuerpo inerte de Ymir fuera de las aguas del caos resultante del desbordamiento, al derretirse el hielo, y crearon la tierra, que ellos llamaron Midgard, la Principal Morada.

De los huesos de Ymir se crearon las montañas, y su sangre llenó los océanos. Su cuerpo se convirtió en tierra y sus cabellos en árboles.

Con su calavera los dioses formaron la bóveda del cielo, que atestaron de brillantes chispas de los fuegos de Muspellsheim. Estas chispas son las estrellas y los planetas.

Del suelo brotó Yggdrasill, el gran fresno, cuyas poderosas ramas separaban los cielos de la tierra y cuyo tronco constituía el eje del universo. De hecho, en algunas leyendas Yggdrasill es el mundo mismo. Nadie podría narrar su grandeza.

Sus raíces se hincan en las profundidades, más allá de las raíces de las montañas y sus perennes hojas atrapan las estrellas fugaces según pasan. Tres son sus raíces; la primera llega hasta Niflheim, tierra de las sombras, reino de los muertos, mundo inferior y toca la fuente Hvergelmir de donde manan los doce ríos de la región del norte. 

La segunda raíz, entra en la tierra de los gigantes helados y bebe de la fuente de Mimir, fuente de toda sabiduría.
La tercera raíz se extiende por los cielos donde discurre la fuente de Urd el más sabio de los Nornos, extrañas criaturas que juzgan el destino de todos los seres.

 Muchas fuerzas atacan al sagrado fresno. Cuatro ciervos mordisquean los nuevos brotes antes de que reverdezcan. El corcel de Odin, Sleipnir, pace en su follaje. La cabra Heidrun se alimenta de sus hojas. Lo peor de todo es la serpiente Nidhogg, un enorme monstruo que roe incesantemente sus raíces. Solamente el amor de los Nornos lo mantiene en buen estado. 

Día a día toman agua de la fuente de Urd y la vierten en Yggdrasill para mantenerlo floreciente.
De los gusanos del cuerpo pútrido de Ymir, los dioses crearon la raza de los enanos, destinados a morar en las profundidades de la tierra durante toda la eternidad. Como ellos han sido creados, no pueden procrear. Cuando muere un enano, princesas enanas creadas para este fin modelan un nuevo enano con piedras y tierra.

El hombre y la mujer fueron creados a partir de los troncos de dos árboles inertes. Odin les infundió la vida. El dios Hoenir les dotó de alma y capacidad de juicio. Lodur les dio calor y belleza. El hombre fue llamado Ask (de Ash, ceniza) y la mujer Embla (parra), y de ellos desciende la raza humana. 

Según se fue desarrollando la mitología de los pueblos teutónicos, gradualmente fueron tomando una forma más definida. El mundo se veía como un disco plano rodeado por un único océano.

En el océano vivía la serpiente de Midgard, cuyos anillos circundaban la tierra. Sobre Midgard estaba Asgard, la morada de los Aesir, o dioses, unida al reino de los hombres mediante Bifrost, el Arco Iris. Por debajo de Midgard yacía la región de los muertos Niflheim (el mundo de las tinieblas).
Es el mismo lugar que la mitología más temprana decía que se situaba al norte, pero adaptado para servir a una visión más compleja del universo en evolución. Tratándose de mitología es difícil evitar la confusión ya que lo que es cierto en una época, en la conciencia cambiante de una raza, puede no permanecer igual en un desarrollo posterior. Esto se ve claramente en las descripciones de los dioses, quienes cambian drásticamente durante el curso de su existencia.